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La Pandemia del Covid-19

Inmater
abril 8, 2020

Hoy el Perú, así como el resto del mundo, se encuentra enfrentando una pandemia viral sin precedentes. Desde su identificación en la ciudad de Wuhan, China en Diciembre pasado la COVID-19 (Coronavirus Disease 2019) ha logrado esparcirse rápidamente alrededor del mundo encontrándose actualmente en 185 países donde las cifras de contagios y fallecidos siguen en aumento día tras día.

 

El hecho de tratarse de una enfermedad nueva causada por un virus recién descubierto hace que el momento que vivimos sea uno de mucha incertidumbre y preocupación. Sin embargo, de la misma manera acelerada como ha venido evolucionando la epidemia, también lo ha hecho el conocimiento que tenemos sobre este nuevo virus; habiendo logrado aislarlo, identificarlo, secuenciar su genoma y desarrollar pruebas para diagnosticarlo en sólo unas pocas semanas desde su aparición.

 

Debido a que aún queda mucho por conocer sobre este nuevo virus y la enfermedad que causa, la información que tenemos irá aumentando y/o cambiando rápidamente durante las siguientes semanas. Es por esto que desde INMATER consideramos crucial mantenernos constantemente actualizados para poder proporcionarles a nuestras pacientes información objetiva y real de la situación, poder responder todas sus posibles interrogantes sobre el tema y, de esta manera, transmitirles la tranquilidad que necesitan en estos momentos.

 

¿Qué es un virus?

 

Los virus son agentes infecciosos submicroscópicos que básicamente constan de dos o tres partes: una pequeña molécula de material genético que puede ser ADN o ARN, una cubierta de proteínas que protege el material genético llamada cápside y en algunos casos la cápside está cubierta, a su vez, por una envoltura que proviene de la membrana de las células huésped que infectan.

 

Los virus dependen de las células que infectan para poder reproducirse. Al infectar la célula huésped, el virus ¨secuestra¨ la maquinaria del metabolismo celular y la utiliza para generar copias de sí mismo. Algunos virus pueden permanecer inactivos por periodos largos de tiempo dentro de las células infectadas; a esta fase se le conoce como fase lisogénica. Pero cuando estos virus se activan entran en lo que se conoce como la fase lítica; en la cual el virus se empieza a multiplicar dentro de la célula hasta que son liberados matando la célula y pudiendo ahora continuar el ciclo de infección en otras células.

 

Cuando los virus se encuentran fuera de una célula huésped son metabólicamente inertes y es debido a esta dependencia que tienen de una célula viva para poder sobrevivir y reproducirse que existe aún controversia en si deberían ser considerados seres vivos o no.

 

Los virus se pueden diferenciar unos de otros por su morfología (su forma), el tipo de material genético que contienen (ADN o ARN de una sola cadena o de cadena doble) y el tipo de organismo que infectan (animales, plantas, hongos, bacterias e incluso otros virus). Hasta el último reporte del Comité Internacional de Taxonomía de Virus (ICTV por sus siglas en inglés) en el 2018 habían descritas 59 familias de virus que comprenden 5560 especies diferentes. Una de estas familias es la llamada Coronaviridae de la cual forman parte todos los Coronavirus incluyendo el recientemente descubierto SARS-CoV-2 causante del COVID-19 en los seres humanos.

 

¿Qué es el coronavirus (CoVs)?

 

El coronavirus (CoVs) es un virus envuelto, con un genoma de ARN de cadena simple y una cápside de simetría helicoidal. Si bien la cápside es helicoidal, es la envoltura externa lo que le da su forma redonda. El tamaño del genoma de los coronavirus varía de aproximadamente 27 a 34 kilobases, el más grande entre los virus de ARN conocidos. El nombre Coronavirus proviene de la forma característica que tienen estos virus al ser observados bajo un microscopio electrónico de transmisión, ya que se encuentran cubiertos por numerosas proteínas en forma de picos que recuerdan a una corona o a la corona solar.

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Imágenes: flickr

Imagen referencial del COVID-19

Existen diversos tipos de coronavirus que se conocen por causar enfermedades tanto en animales como en seres humanos. Este tipo de virus está presente normalmente entre cerdos, camellos, murciélagos, gatos y aves; sin embargo, en algunos casos estos virus pueden evolucionar y ¨saltar¨ de los animales a los humanos lo que en epidemiología se conoce como un ¨spillover event¨. Las enfermedades causadas por estos ¨saltos¨ se conocen como zoonosis.

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Imágenes: flickr

Imagen referencial del COVID-19

Hoy en día se sabe que siete coronavirus causan enfermedades en humanos, cuatro de las cuales son consideradas leves: 229E, OC43, NL63 y HKU1. Sin embargo, los otros tres pueden tener efectos mucho más graves en las personas, y esas enfermedades son el SARS (Síndrome Respiratorio Agudo Severo) que surgió a fines de 2002 y desapareció en 2004; el MERS (Síndrome Respiratorio Del Medio Oriente), que surgió en 2012 y permanece en circulación en camellos; y la COVID-19, que surgió en diciembre de 2019 en China y actualmente se está realizando un esfuerzo global para contener su propagación.

 

El SARS también tuvo su origen en China y es la cepa más conocida de coronavirus. La epidemia del 2002 causo 8098 infectados y 774 personas fallecidas (tasa de fatalidad de 9.6%) en 37 países antes que la epidemia pudiese ser controlada. Similarmente, el MERS pareció tener alta severidad, pero baja transmisibilidad. Se detectó por primera vez en Arabia Saudita en el 2012 y la epidemia causo 2494 infectados y 858 personas fallecidas (tasa de fatalidad de 34%) en 27 países. Estos números fueron superados en solo dos meses por la COVID-19.

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¿Qué sabemos del SARS-CoV-2?

 

El 31 de diciembre del 2019 la Comisión Municipal de Salud de la ciudad de Wuhan en China reportó varios casos de neumonía de origen desconocido y que todos parecían estar relacionados al mercado mayorista de mariscos Huanan, un mercado mayorista caracterizado por la venta de pescados, mariscos y otros animales vivos. El Centro para el Control y Prevención de Enfermedades de China (CDC China) inició una investigación epidemiológica y el 9 de enero de 2020 determinó que el agente causal de estos casos de neumonía era un nuevo coronavirus al que llamaron 2019-nCoV. Al lograr aislar el virus y secuenciar su genoma, los científicos pudieron darse cuenta que se trataba de un virus muy similar al SARS-CoV el virus causante del Síndrome Respiratorio Agudo (SARS) por lo que lo rebautizaron como SARS-CoV-2.

 

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Imágenes: flickr

El coronavirus «saltó» del murcielago a los seres humanos a través de otro mamífero, se sospecha que podría ser el pangolín

 

Una de las cuestiones más discutidas sobre el SARS-CoV-2 es dónde se origino el coronavirus. La teoría más aceptada en la actualidad es que este virus deriva de otro presente en murciélagos grandes de herradura que ¨saltó¨ a los seres humanos a través de otro mamífero intermediario. Hasta el momento se sospecha que este intermediario podrían ser los pangolines, unos pequeños mamíferos con el cuerpo cubierto de escamas cuya carne es considerada un manjar en China y sus escamas son utilizadas en la medicina tradicional.

 

La vía principal de transmisión del coronavirus es de persona a persona, a través de pequeñas gotas que se producen cuando una persona infectada tose o estornuda. También se transmite al tocarse ojos, nariz o boca tras tocar superficies contaminadas ya que se ha descrito que el SARS-CoV-2 puede permanecer viable sobre algunas superficies por varias horas o hasta incluso días. Aunque esta vía de contagio no parece ser la más efectiva.

 

El SARS-CoV2 ha demostrado que puede transmitirse de una persona a otra con bastante facilidad. De momento, la Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que la tasa de contagio (R0) del virus es de 1.4 a 2.5, aunque otras estimaciones hablan de un rango entre 2 y 3. Esto quiere decir que cada persona infectada puede a su vez infectar a entre 2 y 3 personas. Para poder controlar una epidemia, la R0 necesita disminuir por debajo de 1. Adicionalmente a su alta transmisibilidad, se ha confirmado que este nuevo coronavirus se puede transmitir durante el periodo de incubación de la enfermedad (antes que aparezcan los síntomas) e incluso también puede ser transmitido por pacientes asintomáticos lo que dificulta considerablemente las medidas de contención de la epidemia. Si bien hasta el momento la tasa de mortalidad del SARS-CoV-2 parece ser mucho menor que la de sus predecesores, todavía es muy temprano para poder predecir el efecto final de esta pandemia.

 

¿Qué es la COVID-19?

 

La Coronavirus Disease 2019 o COVID-19 es la enfermedad causada por el SARS-CoV-19 que afecta principalmente a las vías respiratorias. Esto se debe a que la puerta de entrada del virus a las células humanas es una proteína que se encuentra en la superficie externa de las células llamada Enzima Convertidora de Angiotensina 2 (ECA2). Esta enzima si bien esta presente en las células del sistema vascular, los riñones, el corazón y el sistema gastrointestinal entre otros órganos, se encuentra en mayor cantidad en la superficie de las células de los pulmones.

 

Los síntomas principales de la COVID-19 son fiebre, cansancio y tos seca. Algunos pacientes también pueden presentar dolores musculares, congestión nasal, dolor de garganta o diarrea. Estos síntomas suelen ser leves y aparecen de forma gradual. La mayoría de las personas (alrededor del 80%) se recupera de la enfermedad sin necesidad de realizar ningún tratamiento especial; algunas incluso se infectan pero no desarrollan ningún síntoma. Sin embargo, alrededor de 1 de cada 6 personas que contraen la COVID-19 desarrolla una enfermedad grave con neumonía bilateral y dificultad para respirar, las cuales, necesitan atención especial en las Unidades de Cuidados Intensivos. Las personas mayores y las que padecen afecciones médicas subyacentes, como hipertensión arterial, problemas cardíacos, diabetes o enfermedades respiratorias crónicas, tienen más probabilidades de desarrollar una enfermedad grave.

 

Se ha estimado que el periodo de incubación del COVID-19 (El periodo de tiempo entre la infección y la aparición de los síntomas) se encuentra entre dos y catorce días, aunque la gran mayoría de personas desarrolla síntomas entre los 5 – 7 días luego de la exposición al virus.

 

¿Cómo se diagnostica la COVID-19?

 

Actualmente el ¨gold standard¨ para el diagnóstico de la COVID-19 son las llamadas pruebas moleculares. Estos tests buscan identificar la presencia del material genético del virus que es específico para éste en las muestras de los pacientes.

 

La técnica que se utiliza para llevar a cabo este tipo de diagnóstico es la reacción en cadena de la polimerasa o PCR por sus siglas en inglés. La PCR es una técnica muy utilizada en biología molecular que sirve para generar múltiples copias de una secuencia de ADN específica a partir de una muestra inicial muy pequeña. A este proceso se le conoce como amplificación. Sin embargo, como ya lo mencionamos anteriormente, el SARS-CoV-2 es un virus cuyo material genético es ARN no ADN y es por esto que para poder detectar la presencia de su genoma específico se debe utilizar una variante de la PCR convencional llamada RT-PCR (Reacción en cadena de la polimerasa con transcriptasa reversa). En esta variante se utiliza una enzima que ¨convierte¨ el ARN en ADN antes del proceso de amplificación. Si el ARN del virus no está presente en la muestra, la amplificación no se llevará a cabo y esto nos indica un resultado negativo en la prueba. Adicionalmente se usa la versión cuantitativa o ¨real time¨ de esta variante de la PCR (RT-qPCR) que permite cuantificar productos específicos de la amplificación en tiempo real lo que le da una mayor sensibilidad y especificidad a la prueba.

 

Por otro lado tenemos las llamadas ¨pruebas rápidas¨, ¨pruebas inmunológicas¨ o ¨pruebas serológicas¨ que buscan identificar la respuesta que produce el sistema inmune del cuerpo hacia el virus luego de la infección.

 

Esta respuesta del sistema inmune consiste en la producción de anticuerpos específicos IgG e IgM para el virus. Sin embargo, el proceso de generación de anticuerpos puede demorar varios días y en el caso específico de la COVID-19 son alrededor de 5 a 7 días desde el momento de la exposición los que tienen que transcurrir para que se puedan detectar estos anticuerpos en la sangre. Los primeros anticuerpos que se producen son las IgM; éstas se producen cuando la infección se encuentra activa. Una vez que la infección ha sido controlada es que empieza la producción de IgG.

 

Este tipo de pruebas tienen dos limitaciones principales. La primera es que no detecta la presencia del virus en sí ni tampoco permite determinar la concentración viral. Y la segunda es que si se le hace la prueba a una persona en el periodo de ventana de la producción de anticuerpos el resultado que nos arrojará la prueba será un falso negativo. Sin embargo estas pruebas aplicadas en la población correcta de pacientes nos pueden indicar en qué etapa de la enfermedad se encuentra la persona a evaluar, si se detectan IgM, es signo de una infección activa o reciente; es por ello que generalmente encontramos IgM en pacientes con síntomas. Mientras que la detección de IgG nos indica que esa persona tuvo la infección en algún momento pero ya superó o está terminando de superar la enfermedad. En este punto es que se le denomina al paciente como inmunizado.

 

Las pruebas rápidas nos ayudan a caracterizar a la población de pacientes lo que permite hacer un uso más eficiente de las pruebas moleculares para el diagnóstico. Es por esto que una no busca reemplazar a la otra sino que la idea es usar ambas en una estrategia conjunta.

 

¿Existe un tratamiento para la COVID-19?

 

Por el momento no existe una vacuna ni un tratamiento específico para la COVID-19. Para ganar tiempo hasta entonces, se está trabajando en probar algunos antivirales que ya existen en el mercado y que podrían tener un efecto sobre el nuevo coronavirus.

 

Hasta el momento ya hay dos posibles vacunas que han comenzado a ser probadas en humanos. Por el momento, están en la fase I del ensayo clínico (para probar su seguridad). Los expertos concuerdan en que no tendremos una vacuna disponible antes de 12 meses, en el mejor de los casos.

 

Por ello, la estrategia para hacer frente a este nuevo virus consiste principalmente en evitar el contagio mediante la implementación de medidas básicas de prevención (lavado de manos con agua y jabón por un mínimo de 20 segundos y de manera frecuente, taparse la boca al estornudar y toser e incluso el uso de tapabocas o mascarillas) y tratar los síntomas en caso de desarrollar la enfermedad.

 

En zonas con alta transmisión del virus, también se pueden recomendar medidas de distanciamiento social (Limitar eventos que congreguen muchas personas, promover el trabajo a distancia, evitar desplazamientos innecesarios, y guardar una distancia de por lo menos un metro con otras personas, entre otras medidas). Estas medidas contribuyen a disminuir la velocidad de propagación del virus y evitar así el colapso de los sistemas de salud.